Hermandad de la Soledad de Huevar

EN CIELO SUENAN TROMPETAS DE GLORIA

Estando aun impregnado el pueblo de Huévar del olor intenso del nardo y la rosa, cuando todavía suena el eco de los cantos de la Coral Vaticana en las diferentes calles de Roma… En el cielo siguen sonando trompetas de gloria por la llegada de un nuevo Santo, San Manuel González García.

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Con la capital italiana rebosante de fieles y peregrinos, comenzaban el pasado 15 de octubre los actos por la canonización del entonces Beato Manuel González. Sobre las 18:00 horas en la Basílica de Sant´Andrea della Valle se realizaba el acto de bienvenida a todos aquellos que se desplazaron hasta Roma para asistir a la canonización. Fieles de todo el mundo se reunían en la imponente Basílica para, tras ver un maravilloso acto organizado por las hermanas reparadoras de Málaga, recibir las banderas de aquellos países donde hay una sede de la UNER  coronando estas entradas la llegada de un enorme cuadro de Don Manuel. Una vez todos presentados, se procedía, como no podía ser de otra manera, a la Adoración del Santísimo Sacramento del Altar. “No adorar a nadie, a nadie más que a Él” fue el tema elegido por las hermanas para recibir a Jesús Sacramentado entre las miles de personas que se postraron ante Dios Vivo, Real y Presente.

Ya en la mañana del 16 de octubre las calles aledañas a la Plaza de San Pedro eran un ir y venir de todos los peregrinos, y como es tan típico en estos casos y sobre todo en las hermanas reparadoras, los cantos dedicados a la Eucaristía y a Don Manuel no paraban de sonar. Con una Plaza abarrotada de corazones cristianos, de los balcones de la Basílica de San Pedro colgaban enormes tapices con los siete beatos a canonizar, cuando aún no eran ni las 09:30 horas comenzaron a salir de San Pedro los miles de Diáconos, Sacerdotes, Obispos, Cardenales… Hasta la llegada del Santo Padre Francisco que fue recibido por vítores y aplausos de alegría. A las 10:00 horas comenzaba la Eucaristía con el ritual oficial de la canonización anunciando en primer lugar la historia de cada uno de los beatos y promulgando el Papa la oficialidad de la canonización.

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El mismo cielo bajo aquella mañana de octubre a la Plaza de San Pedro, una Coral que alzó el más puro amor de los hijos de Dios, un sinfín de rezos, oraciones, pensamientos… Y entre todo también estaba Ella, María Santísima, aquella mujer hebrea a la que Huévar llama Soledad.

Una vez finalizada la Santa Misa y habiendo recibido todos los asistentes la Bendición Apostólica, la UNER había organizado un excelente almuerzo de convivencia en el Ristorante Villa Rinaldo. En él se concentraron más de mil personas que iban cargadas de alegría y emoción, ya nuestro Don Manuel estaba canonizado, ya podíamos gritar a los cuatro vientos ¡Viva San Manuel González García! La jornada estuvo llena de grandes momentos de encuentro, de compartir experiencias, de las diferentes formas de celebrar y vivir la religiosidad y la manera de adorar la Eucaristía, pero a fin de cuentas el mismo fin, seguir los pasos del Obispo de los Sagrarios para llegar a Jesús Sacramentado y no dejarlo jamás abandonado.

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Para finalizar estos actos, a las 08:00 horas del 17 de octubre se abría la Puerta Santa de Santa María la Mayor de Roma para celebrar la Misa de Acción de Gracias, presidida por el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, por la subida a los cielos de San Manuel González. En ella se dio gracias a Dios por los días allí vividos y por recibir su gracia y su protección por las enseñanzas de Don Manuel, ese hombre sencillo que nos mostró el verdadero camino, acompañemos a Jesús, adoremos su estado Real en nuestros Sagrarios, no lo abandonemos nunca.

Todo un hecho histórico para la comunidad cristiana y en especial para la UNER, para España y para nuestra Hermandad, la cual ha estado representada en todo momento recibiendo el cariño de todos los asistentes y la atención especialmente de nuestras hermanas Eucarísticas de Sevilla. Desde aquí dar las gracias a toda la congregación especialmente a la existente en Sevilla, que San Manuel González García interceda por todos y cada uno de nosotros y que Nuestra Madre de la Soledad cubra con su manto a todos los hijos de Dios.